Un problema, varias maneras de abordarlo

Muchas de las personas que llegan a consulta —especialmente mujeres— comparten un mismo punto de partida: estrés, ansiedad, angustia, sensación de sobrecarga o desconexión.
Aunque cada historia es única, el síntoma suele repetirse. Y ahí surge una pregunta importante:
¿por qué abordar un mismo problema desde varias terapias distintas?

Tomemos como ejemplo la ansiedad.

La ansiedad: más que un síntoma

La ansiedad no aparece de la nada.
A menudo tiene raíces profundas: experiencias pasadas, vivencias de la infancia, emociones no expresadas, creencias aprendidas o mecanismos de defensa que en su momento fueron necesarios, pero que hoy ya no ayudan.

Desde este lugar, el primer paso no es “quitar” la ansiedad, sino entenderla:

  • ¿qué la activa?
  • ¿qué emoción hay detrás?
  • ¿qué parte de la persona está en alerta?

 

Aquí es donde la kinesiología juega un papel clave.
Permite dialogar con el cuerpo para buscar el origen del desequilibrio, identificar bloqueos emocionales y comprender el por qué de la respuesta ansiosa. No se trata solo del síntoma, sino de escuchar lo que el cuerpo intenta decir.

Cuando el estrés se vuelve físico

La ansiedad sostenida en el tiempo no se queda solo en lo emocional.
El cuerpo responde adaptándose: tensión constante, rigidez, bloqueos, dolores musculares, problemas digestivos, sensación de peso o cansancio profundo.

El estrés mantenido densifica la fascia, altera la postura y limita el movimiento natural del cuerpo. A veces el dolor aparece lejos del origen emocional, como una consecuencia silenciosa.

Aquí entran la osteopatía y el trabajo miofascial, que abordan estas consecuencias físicas del estrés:

  • liberan tensiones acumuladas
  • devuelven movilidad a zonas rígidas
  • ayudan al cuerpo a salir del estado de compensación constante

Cuando el cuerpo recupera movimiento y espacio, el sistema nervioso también puede empezar a relajarse.

Regular el sistema nervioso: salir del modo alerta

En muchas personas con ansiedad, el sistema nervioso está en modo defensa permanente.
Incluso cuando “todo está bien”, el cuerpo sigue reaccionando como si hubiera peligro.

El masaje neurosedante o trabajo de regulación del sistema nervioso y las terapias manuales tienen como objetivo bajar esa hiperactividad, no desde la estimulación, sino desde la lentitud, el contacto seguro y el ritmo constante.

Este tipo de masaje:

  • reduce la respuesta de alerta
  • invita al cuerpo a entrar en un estado de calma profunda
  • permite soltar sin esfuerzo ni análisis

No es un masaje activo. Es un espacio donde el cuerpo aprende, poco a poco, que puede dejar de defenderse.

Un enfoque integrador

Por eso no existe una sola herramienta para un solo problema.
La ansiedad puede necesitar:

  • ser comprendida en su origen emocional
  • ser liberada en el cuerpo físico
  • ser calmada en el sistema nervioso

Cada terapia actúa en un nivel distinto, pero todas apuntan a lo mismo:
ayudar al cuerpo y a la persona a recuperar seguridad, fluidez y presencia.

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